Transgénicos en México, ¿suficiencia o dependencia?



Ante el asunto mundial de insuficiencia alimentaria y el desabasto de commodities, toma fuerza la polémica entre productores y autoridades para permitir la siembra de productos genéticamente modificados, los transgénicos.

El problema tiene tres vertientes: por un lado, convertirse en un país autosuficiente, dejar de importar y exportar este tipo de productos, como lo hacen ahora mismo otros países.

En contraparte, hay organizaciones que no coinciden con la siembra de estas semillas y aseguran que se atenta contra la autonomía del campesino, además de ponerse en riesgo las variedades endémicas de maíz.

A nivel global, estudios del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología, revelan que la siembra de transgénicos en 2010 fue de 148 millones de hectáreas, sólo en 29 países.

Entre 1996 y 2009 se obtuvo una derrama económica neta de 65 mil millones de dólares y una producción de 229 millones de toneladas, volumen equivalente a 10% de las mil 500 millones de hectáreas agrícolas sembradas en todo el mundo.

México importa 10 millones de toneladas de maíz transgénico al año, lo que equivale a una fuga de divisas de 40 mil millones de pesos que se pagan a agricultores de EU y Sudáfrica.

Maíz, la semilla de la discordia

El Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), hasta el mes de abril, en su estatus de solicitudes de permisos de liberación al ambiente de maíz genéticamente modificado, ingresadas en 2010, ha resuelto en forma negativa siete de nueve para fase piloto.

Además, 44 de fase experimental cuentan con permiso de liberación al ambiente, 22 están en análisis de riesgo y solo una de fase piloto obtuvo el permiso de liberación al ambiente en Tamaulipas. Por un lado, Rubén Chávez Villagrán, director de la Unión Agrícola Regional de Productores de Maíz Amarillo, aseguró que de lograrse las siembras, el maíz sería resistente a algunas plagas de insectos que afectan gravemente la región e impiden aumentar superficie de cultivo. En tanto Mortimer Cabrera, presidente de la Unión Agrícola Regional del Norte de Tamaulipas, agregó que México tiene la capacidad para sembrar 600 mil hectáreas adicionales de maíz amarillo, lo que permitiría fortalecer la soberanía alimentaria.

Aleira Lara, coordinadora de la campaña de Agricultura Sustentable y Transgénicos, de la organización ambientalista Greenpeace México, aseguró que su implementación se reflejaría en un nulo incremento de la productividad, cero ganancias, costos adicionales, mayor uso de agroquímicos, cosechas perdidas y dificultad para comercializar su producción.

Ejemplificó que en plantíos de maíz en Estados Unidos, la hierba invasora quintonil tropical, adquirió resistencia al glifosato (sustancia base del herbicida que vende la empresa Monsanto); ello en al menos 500 mil hectáreas, obligando a los agricultores a desyerbar a mano, lo que incrementa el costo del cultivo 240 dólares por hectárea.

Yolanda Massieu, investigadora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), consideró que los riesgos de vulnerabilidad en la diversidad genética del maíz y en la base alimentaria de los mexicanos es muy alta.

“El problema es que no hay investigación ni regulación pública suficiente para impedir al gobierno favorecer los intereses de un puñado de empresas, como se ha hecho al autorizar las solicitudes de empresas como Monsanto para realizar siembra experimental de maíz”, subrayó la investigadora.

La raíz del problema

Alberto Montoya, directivo del Centro de Estudios Estratégicos Nacionales, agregó que el Estado mexicano tiene el deber de recuperar la soberanía alimentaria y abandonar la política de dependencia de las importaciones y de las corporaciones globales.

“Pero, también debe evitar que sea la industria de los transgénicos la que tome el control de los campos”. 


De acuerdo con expertos de Agrobio, organismo que agrupa a las principales empresas desarrolladoras de biotecnología agrícola en México, en total se siembran 8 millones de hectáreas, de ellas, 2 millones son para híbridos y sólo se aprovecha la mitad.

“Así, México podría producir maíz, plantas de hortaliza y ornato para exportar verduras y convendría adoptar OGM’s de otros cereales porque México es deficitario, incluso en trigo”.

Monsanto, empresa dedicada a la comercialización de semillas transgénicas, asegura que son mitos las creencias de que son dañinos para la salud, no están estudiados, que los herbicidas utilizados en ese tipo de cultivos aumentan el impacto ambiental y no se consigue aumentar la producción. La compañía explicó que esta tecnología disminuye el riesgo de que entren agentes dañinos en las nuevas variedades de plantas y aunque las semillas son un poco más caras que las convencionales, el costo total de producción disminuye, porque requieren menores cantidades de pesticidas.

Los mitos del maíz

En el caso del maíz, reiteró que no estarían amenazadas las variedades de maíz nacional ,y según el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP) si sería benéfico para los agricultores. “Los sembradíos tradicionales de México, tienen un rendimiento por hectárea... de 2.8 toneladas”. Isabel Saad Villegas, investigadora de la UNAM, dijo que en gran medida se han eliminado mitos en materia de salud ambiental y humana. Agregó que “así corroboran que no entre en el ecosistema nada que sea peligroso, ya que se pensaba que eran tóxicos, contaminantes o se convertirán en una plaga”.


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